La dieta de los mexicanos depende de Estados Unidos

A pesar de su valor nutrimental y cultural, los alimentos tradicionales han sido desplazados por productos procesados

 

Ciudad de México, 20 de octubre de 2017. – Durante la etapa económica neoliberal (1982-2003), se cambió el régimen de acumulación y comenzó el dominio agroalimentario de Estados Unidos. En esta etapa los precios de los alimentos se ofertaron por debajo del costo de producción, gracias a los altos subsidios brindados por Estados Unidos a sus productores agrícolas, afirmó Blanca Rubio, investigadora del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM (IIS-UNAM).

A raíz de la implementación del TLCAN en 1994, se quitaron los aranceles de los productos y se beneficiaron a las grandes empresas alimentarias de Estados Unidos, lo que provocó que se sustituya la producción nacional por la importada, principal causa de la devastación de la agricultura mexicana, afirmó la investigadora.

Durante su participación en el seminario “Cultura y representaciones sociales”, coordinado por Gilberto Giménez, investigador del IIS-UNAM, y por Gorge A. González, investigador del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la UNAM (CEIICH-UNAM), Blanca Rubio señaló que también se instauró el modelo alimenticio de Estados Unidos basado en las proteínas, lo que generó la ganaderización de la agricultura con alto contenido de sodio y conservadores.

La fase posterior es de transición (2003-2017), donde se observa el surgimiento de un nuevo régimen de acumulación a causa de la crisis capitalista en 2007-2008. Con el incremento del precio del petróleo en 2008, muchos países comenzaron a producir para su propio consumo, excepto México, que siguió con las políticas públicas de dependencia alimentaria con Estados Unidos, en lugar de impulsar la producción interna, aseveró la académica.

Con la crisis alimentaria, el aumento de los precios afectó el consumo popular y se obligó a cambiar la dieta de gran parte de la población. En esta etapa se observa la reducción en el consumo de maíz y frijol, vegetales y frutas, la sustitución del jitomate por el puré de tomate y el remplazo de las carnes por pastas, embutidos y atún enlatado, explicó Blanca Rubio.

La calidad de los alimentos importados, entre los que se encuentran los transgénicos, es baja, comparados con los exportados por México que son de buena calidad. El aumento en el precio de los alimentos ha llevado a consumir productos chatarra como proveedores de energía, lo que ha ocasionado el incremento drástico de padecimientos mortales como la diabetes y las enfermedades cardiovasculares, afirmó la investigadora.

El tiempo y la alimentación son sistemas culturales, realidades representadas y representables. Ambos términos tienen un sustrato material primordial, que es la posibilidad de la vida y su reproducción,  señaló Guadalupe Valencia, investigadora del CEIICH-UNAM.

Nuestra evolución como civilización se basan en la alimentación, asimismo,   hemos cultivado para comer e históricamente otorgamos un significado importante al cómo, cuándo y dónde comer. Es por esto que la cultura se expresa también en la diversidad de culturas alimentarias y gastronómicas,  comentó Valencia.

Un ejemplo de esto se observa en la densidad temporal del taco, puntualizó la investigadora, entendido como la concentración de capas temporales de los múltiples pasados e historias que se condensan en un objeto y en un momento particular.

Un taco tiene varias dimensiones, la referida a la producción de alimentos, la esfera del consumo y el ordenamiento socio-temporal del acto de alimentarse, que coloca calendarios y horarios según los ritmos en los que se expresan las nuevas y viejas culturas alimentarias, afirmó Valencia.

El video de la sesión del seminario, que este año ha tenido como temática central “imaginario y representaciones sociales de los sistemas alimentarios”, puede consultarse en: https://www.youtube.com/watch?v=lsTudTQsJfk

 

 

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